Cuando empecé a crear contenido sobre crianza, lo hice por pura necesidad personal. Estaba agotada de sentir que cada vez que no lograba aplicar las estrategias maravillosas que leía, era por una falla en mí como madre.
Pero con el tiempo entendí algo fundamental: no es que seamos malas madres o malos padres. Es que nadie nos explicó que entre la teoría y la práctica está nuestro propio sistema nervioso, nuestra historia vincular, y toda esa mochila emocional que cargamos desde mucho antes de que nuestros hijos nacieran.
"Sí, es normal que no puedas aplicar todo lo que sabes. No, no significa que no ames lo suficiente a tus hijos. Y sí, hay formas de mejorar que consideran quién eres TÚ, no solo quién deberías ser."
Acá vamos a hablar sin filtros de por qué te escondes en el baño a mirar el celular, qué hacer cuando "te da la locura" (a mí me da seguido), y por qué a veces, aunque sepas exactamente qué deberías hacer, simplemente no puedes hacerlo.
Y lo mejor: vamos a encontrar formas de arreglarlo que funcionen para ti y tu familia, no para la versión idealizada que ves en Instagram (que, entre nos, probablemente esté tan colapsada como tú y yo, solo que no lo muestra).